Cuentos cortos Recuerdos de un beisbolista

29 September, 2016


Mi familia y yo éramos muy pobres. Vivíamos en una pequeña casita propiedad de mi tío Evaristo. Papá salía por las mañanas a bolear zapatos y mamá se ponía enfrente de una escuela a vender gelatinas.

Los fines de semana me gustaba ir al centro, pues ahí había un gran almacén el cual tenía una vitrina muy grande en la que se podía observar un uniforme completo de beisbolista. Me quedaba admirando aquel equipo digno de cualquier jugador de Grandes Ligas y soñaba con que un día fuera mío.

Es más, me conformaba con poder poseer aquel bate de béisbol. Recuerdo que hablé seriamente con mi papá y le dije que ya me venía mi cumpleaños y que no habría mejor obsequio que aquel madero que tanta ilusión me hacía.

A pesar de mis palabras, mi papá me dijo:

– Hijo no quiero engañarte. Ahora no tenemos el capital suficiente para poder comprártelo. En cuanto la situación mejore te prometo que lo tendrás.

Seguí insistiendo día tras día para ver si se le “ablandaba a el corazón” a mi progenitor y de alguna manera yo me salía con la mía. Sin embargo, el día en el celebramos un aniversario más de mi nacimiento, sólo recibí un compendio de cuentos cortos y un palo de madera con la forma de un bate de béisbol.

– Mamá ¿qué es esto?

– Es un bate. Tu papá lo consiguió y hasta le talló tus iniciales. Con el ya podrás ir al parque a jugar con tus amigos.

Salí de la casa frustrado y lo único que pensaba era en cómo deshacerme de aquel madero. Le pedí a uno de mis amigos que me lanzara una bola lo más fuerte que pudiera para ver si eso rompía el palo a la mitad.

Él lo hizo y “el bate” se astilló. Se dibujó una ligera sonrisa en mi rostro por un instante, aunque luego una lágrima rodó por mi mejilla, ya que observé que aparte de mis iniciales, mis padres habían incluido una dedicatoria en donde me dejaban claro lo mucho que me querían.

Al final me convertí en beisbolista profesional, y uno de mis tesoros más preciados sigue siendo aquel “bate”.

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