El primer cuento de terror que leí en Internet

29 September, 2016

El primer cuento de terror que leí en Internet

Jamás se me podrá olvidar que en la Navidad del 2001 pude adquirir mi primera computadora. Si les mencionara a ustedes las características técnicas de este equipo, seguramente se reirían, ya que 64 megas de RAM y 16 GB de disco duro no suenan para nada impresionantes.

Para aquellos tiempos esa era una PC decente. Sobre todo porque podía conectarse a Internet. Mis primeras búsquedas que hice en la web fueron a sitios de noticias o de películas, pues aún no me había acostumbrado a utilizar buscadores.

No obstante, un día se me ocurrió buscar relatos de miedo, por lo que puse en la barra de búsqueda: cuentos de terror gratis. Se mostraron varios resultados pero algunas de las páginas eran demasiado pesadas para mi paupérrima conexión.

Escogí un sitio en el que el escritor no usaba ningún tipo de imagen ni fondo para ilustrar sus cuentos. Es decir, era sólo texto plano.

La narrativa iniciaba en la época decembrina, concretamente en vísperas de Navidad. En aquella sesión se nos contaba la historia de Hortensia una niñita que no podía dormir, debido a que estaba esperando la llegada de Santa Claus.

Con las luces apagadas y metida entre las sábanas, la niña esperaba cualquier ruido que proviniera de la planta baja, para saltar de la cama y sorprender al “gordito bonachón del traje rojo”.

Alrededor de las 3:00 de la mañana, el sueño por fin logró vencerla. Sin embargo, Hortensia se despertó muy asustada cuando oyó que estaban golpeando en su ventana.

La pequeña se acercó a la ventana pues le pareció observar la barba de papá Noel. A pesar de ello, miró que aquel no era un hombre, sino un gnomo de aspecto inquietante que además de la piel amoratada y las uñas extremadamente largas, tenía sangre entre sus dedos.

Esa fue la última Navidad que se celebró en aquel lugar, debido a que el día siguiente todos los integrantes de la casa fueron encontrados muertos.

Cuentos cortos Recuerdos de un beisbolista


Mi familia y yo éramos muy pobres. Vivíamos en una pequeña casita propiedad de mi tío Evaristo. Papá salía por las mañanas a bolear zapatos y mamá se ponía enfrente de una escuela a vender gelatinas.

Los fines de semana me gustaba ir al centro, pues ahí había un gran almacén el cual tenía una vitrina muy grande en la que se podía observar un uniforme completo de beisbolista. Me quedaba admirando aquel equipo digno de cualquier jugador de Grandes Ligas y soñaba con que un día fuera mío.

Es más, me conformaba con poder poseer aquel bate de béisbol. Recuerdo que hablé seriamente con mi papá y le dije que ya me venía mi cumpleaños y que no habría mejor obsequio que aquel madero que tanta ilusión me hacía.

A pesar de mis palabras, mi papá me dijo:

– Hijo no quiero engañarte. Ahora no tenemos el capital suficiente para poder comprártelo. En cuanto la situación mejore te prometo que lo tendrás.

Seguí insistiendo día tras día para ver si se le “ablandaba a el corazón” a mi progenitor y de alguna manera yo me salía con la mía. Sin embargo, el día en el celebramos un aniversario más de mi nacimiento, sólo recibí un compendio de cuentos cortos y un palo de madera con la forma de un bate de béisbol.

– Mamá ¿qué es esto?

– Es un bate. Tu papá lo consiguió y hasta le talló tus iniciales. Con el ya podrás ir al parque a jugar con tus amigos.

Salí de la casa frustrado y lo único que pensaba era en cómo deshacerme de aquel madero. Le pedí a uno de mis amigos que me lanzara una bola lo más fuerte que pudiera para ver si eso rompía el palo a la mitad.

Él lo hizo y “el bate” se astilló. Se dibujó una ligera sonrisa en mi rostro por un instante, aunque luego una lágrima rodó por mi mejilla, ya que observé que aparte de mis iniciales, mis padres habían incluido una dedicatoria en donde me dejaban claro lo mucho que me querían.

Al final me convertí en beisbolista profesional, y uno de mis tesoros más preciados sigue siendo aquel “bate”.

Leyendas cortas mexicanas de terror El escalador

Leyendas cortas mexicanas de terror El escalador

En México en los últimos años el alpinismo y los deportes extremos han tenido una gran acogida por parte de los jóvenes.

Ni más ni menos ese fue el caso de Alan, un muchacho al que no le gustaba utilizar cuerdas de protección pues decía que de ese modo no sentía la misma adrenalina que al sujetarse a las rocas con sólo sus manos.

Sus padres le pedían que tomara precauciones, pues no querían perder a otro hijo (Ustedes no están para saberlo, pero el hermano mayor de Alan había sido asesinado en un ajuste de cuentas).

Cada vez que escalaba una montaña, el joven se paraba en la cima y se tomaba una foto con su celular, como desafiando a la muerte.

Transcurrieron los meses y los retos se fueron acabando, hasta que un día explorando la selva del sureste, Alan dio con un cerro poco conocido. El terreno era muy escarpado. Es decir, el alpinista para llegar a la cima tenían que ser muy diestro, dada la inclinación de la montaña.

Se preparó y comenzó a subir. En menos de 70 minutos ya llevaba recorrido más del 60% del camino. No obstante, en eso escuchó los lamentos de una mujer. Giró la cabeza y vio que en el mismo nivel de altura en donde él se encontraba, una linda joven había quedado atrapada por una roca.

– No te preocupes. Ahora mismo voy en tu auxilio.

Alan avanzó en horizontal y en el justo instante en el que llegó a lado de la mujer, esta se transformó en una calavera horripilante, lo que provocó que el joven se soltara debido al terrible sobresalto.

El muchacho fue cayendo cuesta abajo rompiéndose cada uno de sus huesos. Cuando llegó hasta abajo, su cuerpo era irreconocible y todos sus órganos estaban esparcidos por el suelo.

Esperemos que te haya gustado esta historia, recuerda que es parte de la colección de leyendas cortas mexicanas de terror que sólo podrás encontrar aquí.

Leyendas cortas famosas de México La muchacha encerrada

17 September, 2016

Hoy vamos a recordar una de las leyendas cortas famosas de México que a la fecha se siguen comentando en el sur del país. Nuestra historia comienza en la tierra conocida en época de la colonia como Valladolid (hoy a ese poblado se le llama Morelia y es la capital del estado de Michoacán).

Se dice que en ese lugar se asentó un matrimonio conformado por Juan Núñez y Margarita Estrada. Además, este hombre tenía a su cargo a su joven hija de nombre Leonor, producto de su primer matrimonio.

Tal vez era por esa razón que Margarita humillaba a la chica constantemente. De la joven, hay que decir que poseía una belleza esplendorosa. Pronto se enamoró de uno de los oficiales que viajó en una misión diplomática a la Nueva España para entrevistarse con el Virrey.

Leyendas cortas famosas de México La muchacha encerrada

El romance comenzó en secreto, ya que la pareja sólo se veía durante las noches a través de la ventana del cuarto de la muchacha. Sin embargo, esto fue descubierto por doña Margarita, quien esperó a que el militar regresara a su país, para luego encerrar a su hijastra en el sótano de la propiedad.

También se cuenta que durante su encierro, la joven sólo tomaba de vez en cuando un vaso con agua.

Mientras todo esto pasaba, el padre de Leonor (así se llamaba la muchacha) ignoraba este panorama, ya que se encontraba en la capital del país arreglando toda clase de asuntos.

Cuando volvió buscó a su hija por todos lados, hasta que la encontró muerta en el sótano de su propia casa. Lo más tétrico de este hecho es que su delgado brazo ahora convertido en hueso, había quedado atorado entre los barrotes de la casa.

Las personas que hoy pasan por ese lugar, aseguran que se pueden oír los lamentos de Leonor suplicando por un poco de comida.

Mitos y leyendas sobre los zurdos

Las personas zurdas son menos comunes de lo que pensamos. De hecho se calcula que solamente un número cercano al 10% del total de la población tiene esta condición. Paradójicamente eso ha hecho que varias personas miren a los zurdos con cierto recelo e inclusive en algunas etapas históricas, estas personas han sido perseguidas, pues se les consideraba como seres malignos.

Mitos y leyendas sobre los zurdos

En la actualidad algunos deportistas zurdos se han consagrado gracias a que esta característica les permite llevar a cabo sus disciplinas de una manera distinta. Por ejemplo, un boxeador al tener una guardia contraria a su oponente, le brinda una mayor ventaja al momento de atacar y defenderse.

En el caso de los beisbolistas, sucede algo muy peculiar y es que los lanzamientos aunque se ejecuten siguiendo al pie de la letra las normas escritas, la rotación de la bola es completamente distinta y es por ello que los lanzadores que usan la mano izquierda tienen una carrera más longeva en “La gran carpa”.

Ahora hagamos un ejercicio histórico de revisemos de manera veloz y contundente algunos de los mitos y leyendas de los zurdos que han perdurado durante décadas.

Y es que el darle un mayor grado de utilidad a nuestro lado izquierdo, no se limita solamente a los seres humanos, sino que también puede verse en los animales. De acuerdo con algunas culturas antiguas se cree que los pájaros que vuelan “cargados” hacia la izquierda deben de tomarse como aves de mal agüero y de ser posible alejarse de ellos lo más rápido posible, si no queremos que la desgracia llegue a nosotros.

Por otra parte, en los países nórdicos existía la creencia de que toparse con un zurdo en la calle durante cualquier día de la semana era bastante malo. El único día en que esta eventualidad podía llegar a darse sin que pasara algo siniestro era el martes.

Tal vez por la vieja leyenda que nos dice que los martes trece no debemos alejarnos de nuestras moradas. Otra de las culturas ancestrales que tienen sus propias ideas sobre los zurdos es la hindú, en la que comer con la mano izquierda es observado como una mala conducta.

Y es que las obras literarias antiguas afirman claramente que todas las cosas buenas que pueda realizar un ser humano se hacen con la diestra, mas no con la siniestra.

Por otro lado, aquellas personas que profesan la religión islámica de manera extremista consideran a los zurdos como seres impuros.

Inclusive la ciencia ha pasado por etapas en las que literalmente han visto a las personas que prefieran utilizar su mano izquierda como “enfermos o dementes”.

Continuando con este mismo tema, pero revisándolo ahora desde una óptica mítica, nos encontraremos con que en algunos asentamientos las mujeres siempre deben sentarse al lado izquierdo de sus maridos, para que así dejen que la energía positiva les llegue a ellos. Esta clase de costumbres aún puede verse en comunidades que aún están organizadas en tribus.

Afortunadamente el panorama es mucho más alentador para los zurdos en día que lo que era en el pasado. Finalmente, me gustaría decir que en el ejercicio estadístico mencionado en el primer párrafo, no se consideran a aquellas personas que han tenido que utilizar su mano izquierda debido a un accidente o discapacidad.